Eres lo que trabajas (mientras tengas tu puesto!)

Hace un par de temporadas, trabajaba en Los 40, la radio musical líder en mi país desde hace 50 años; pertenece al grupo editorial más importante de España, el que ha liderado la opinión desde los años de transición hasta hace bien poquito. Allí conocí a personas maravillosas, que me he llevado a mi terreno personal y a otras déspotas y otras insulsas, como en cualquier otro trabajo...pero con una diferencia: a los ojos de la gente del gremio, todos ellos, directivos y jefes de programas son vistos por la industria como Dioses que desempeñan su trabajo como si estuvieran salvando el mundo: un pequeño club Bilderberg en el que todo el mundo te respeta y te valora por tu puesto de trabajo, sin ahondar en lo que eres.

Hay millones de fiestas, eventos, reuniones a las que te invitan porque eres el ombligo del mundo, porque todo el mundo quiere estar a tu lado porque entrevistas a los artistas más importantes del mundo, joder! Estás muy cerca de curar el cáncer. No te invitan porque estás dentro de ese engranaje y formas parte de la celebración porque desempeñas una pequeña parte de todo este maravilloso trabajo, no, eso es demasiado realista para ser real.

En ese período, pensaba que no podría escalar más alto a nivel empresarial, esa era LA empresa. Eso es lo que tu entorno te hace pensar:  promocionar ahí me haría una persona irresistible, iría al paraíso por la puerta grande y a horcajadas. Igual hasta demandaba un Nobel cuando consiguiera presentar un programa...

El móvil sonaba mucho;  no para hablar de trabajo sino para interesarse por ti, por tu vida: Qué comes, qué deporte estás practicando y a dónde te vas a ir de vacaciones. Qué gente tan atenta! 

La de tiempo y dedicación que gastaron mis abuelos en inculcarme valores y enseñarme los verdaderos motivos por los que uno debería ser una buena persona, con palabra y nobleza. Si hubieran trabajado en lo mío, hubieran ahorrado mucho tiempo trabajado en hacerse mejor personas y lo hubiesen dedicado a escalar en un puesto de trabajo. Eso te aporta el respeto de los demás de manera automática.

Es tan natural que llegas a pensar que es normal. Hasta que te das de bruces con la realidad. Cuando decidí marchar de Los 40, porque un resquicio de insensatez (de esa que me inculcaron mis abuelos) me hizo pensar que era una persona preparada, culta, con 4 idiomas que podría trabajar para la tv también, pero ya no era lo mismo. La tv no era la más vista, ergo, a ti tampoco te ven como antes.

Esas personas tan atentas que llamaban al móvil de vez en cuando, posaron su atención en otra cosa, y yo, que me creía que todo aquello era real, me di cuenta de que hay gente, que no es capaz de ver más allá de un puesto de trabajo. Eres tu oficio, no tus valores. Eso es así. Si te suena esta historia, es porque Los 40 también es PricewaterhouseCoopers, Cuatrecases, Microsoft o Chanel. O tu trabajo. Identificarse con un puesto de trabajo, es la manera más fácil de perderse de uno mismo.

Y yo amo mi trabajo. Pero me amo más a mi.