Radiografía

Hay un ejercicio que me encanta hacer pero que, a la vez, es muy difícil de emplear a fondo: OBSERVAR. De vez en cuando, y cuando la velocidad de esta vida me lo permite, me gusta parar, sentarme y observar. Y así es como me hago radiografías, que creedme, hablan mucho más que las que son con rayos X… pero también, en esos momentos me gusta radiografiar a la gente, y últimamente, el diagnóstico es cada vez más desfavorable… no hay colores, ni fuegos artificiales, porque la gente anda dormida…. Acaso sabe esa gente que se va a morir? Que cada minuto que pasa están más cerca de su muerte? Creo que no, creo que no se han parado un minuto a reflexionar sobre ello. Creo que andan en un letargo infinito que los conduce por una inercia dibujada por el mismísimo Morfeo y que ello les impide SER.

¡Y qué importante es ser! Cuando uno es, no tiene miedo, que es el principal freno de la libertad, que es el máximo exponente de la creatividad y qué somos cuando no creamos? Puñeteras amebas (con perdón de las asociaciones de biólogos). Somos el único animal capaz de soñar y construir tangible ese sueño. Si somos colores, fuegos artificiales e impulsos eléctricos, por qué actuamos como amebas?

Hace poco me hicieron un truco de magia contra el adormilamiento… consiste en levantarse bailando, acostarse haciendo el amor y entre medias saltar, sonreír y hacer las cosas con pasión. No sabéis lo importante que es levantarse con un objetivo, con ilusión, con proyectos, con una vida. Saber por qué estas aquí es, lo creáis o no, esencial. Pero ya lo decía aquél…que lo esencial es invisible a los ojos… Hace falta cada vez más pararse, sentarse y observar (de fuera para adentro).