See you soon, legend.

En mi casa hay tres cosas sagradas: Aretha Franklin, el Barça y Prince. Os podéis imaginar cómo me golpeó la noticia. Knocked down. 

Mi padrastro (un título que no le hace honores), nos transmitió siempre el valor de grandes estrellas de la música: la Motown es un templo de altos decibelios al que solemos acudir los sábados y domingos por la mañana a través de vinilos que probablemente hayan visto más mundo que yo misma. Suenan The Temptations, seguramente 'I can't get next to you' o alguna joyita parecida que nos permite berrear y bailar con el palo de la escoba... pero el mundo se para cuando suena el primer acorde en do mayor de Purple Rain. Puede que la hayamos escuchado unas 34654758765342(...) veces, pero un escalofrío recorre mi espalda como si una pluma la recorriera, erizando cada vello al pasar.

La sensibilidad especial de El Artista nos invade, pero nadie dice nada. Estamos disfrutando cada ápice de cada nota. Y así se convierte una canción en un himno.

Prince representaba el inconformismo, la creatividad, la provocación, la genialidad, el arte. Era un icono a tantos niveles que se convirtió en una leyenda en vida. 

Él nació en la América de la segregación racial (véase también holocausto afroaméricano) y le plantó cara: “En un mundo blanco y negro, lo que quiero es que se me juzgue en base a la calidad de mi trabajo, y no en lo que diga, tampoco en lo que la gente diga que soy, ni mucho menos por el color de mi piel”Nació también con un título al que debía de hacer honores: hijo de una familia de músicos, con la clara intención de seguir el legado de un rey: James Brown. Y lo hizo, era un músico negro, que se había hecho a sí mismo.

Inconformista e individualista, no se rindió ante los pies de la discográfica que quiso manejarlo como a un títere (o como a un músico cualquiera). Él era el dueño de su arte.

Prince era una obra de arte que debería permanecer en la retina de las siguientes generaciones, permitiendo que siga vivo en la música, en el arte, en la moda, en la rebeldía (con causa), en el cinismo... Hoy no nace ninguna leyenda, porque ya nació en el 58, dándole sonido a Minneapolis.