La cultura del envase que desprecia el contenido

Es curioso ver, cuando ocurre una desgracia del calibre de la de Barcelona el pasado 17 de Agosto, cómo los principales periódicos se llenan de imágenes más que explícitas de lo ocurrido. El morbo enmascarado esquiva la ética y el respeto y antes de que nos demos cuenta, estamos consumiendo imágenes de menores fallecidos. 

"Las desgracias venden" decía un profe de mi universidad. Es triste, pero cierto. Y en este mundo en el que "el funeral es más importante que el muerto, la boda más que el amor (...)" (E.Galeano) qué cabe esperar de las coberturas informativas? 

Durante los primeros minutos de la tragedia, me llegaron al móvil una infinidad de mensajes con imágenes en vídeo grabadas segundos después de que el camión recorriera las Ramblas. Imágenes explícitas, extremadamente duras en las que aparecían los afectados en el suelo, la inmensa mayoría necesitaba auxilio. El auxilio que decidió no darle aquél que cogió su móvil para documentarlo todo y regocijarse en la desgracia ajena. En qué momento se te ocurre, necio insensible, coger tu móvil antes de acudir en socorro de las víctimas? Imagino que acumular miles de visitas en las rrss resulta más atractivo que salvarle la vida a una persona y que no se entere nadie. Nos vamos a la mierda. Literalmente a la mierda.

Y como el ser humano es así, cuando crees que ya has perdido toda esperanza en tu raza, te asaltan las noticias sobre taxistas y cabifys que ofrecen servicios gratuitos a las personas que quieren alejarse de la masacre, sobre hoteles que abren sus puertas a los afectados, sobre esas maravillosas personas que fueron a donar sangre en masa, tanto que hasta los hospitales reconocieron tener 'donaciones de sobras'. 

Supongo que de eso se trata, de saber convivir con el bien y el mal, la luz y la oscuridad. Esa dualidad en la que tan importantes son nuestras decisiones. Permanecer en la luz es, cada vez más, la decisión de unos pocos.

Barcelona, estem amb tu. 

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See you soon, legend.

En mi casa hay tres cosas sagradas: Aretha Franklin, el Barça y Prince. Os podéis imaginar cómo me golpeó la noticia. Knocked down. 

Mi padrastro (un título que no le hace honores), nos transmitió siempre el valor de grandes estrellas de la música: la Motown es un templo de altos decibelios al que solemos acudir los sábados y domingos por la mañana a través de vinilos que probablemente hayan visto más mundo que yo misma. Suenan The Temptations, seguramente 'I can't get next to you' o alguna joyita parecida que nos permite berrear y bailar con el palo de la escoba... pero el mundo se para cuando suena el primer acorde en do mayor de Purple Rain. Puede que la hayamos escuchado unas 34654758765342(...) veces, pero un escalofrío recorre mi espalda como si una pluma la recorriera, erizando cada vello al pasar.

La sensibilidad especial de El Artista nos invade, pero nadie dice nada. Estamos disfrutando cada ápice de cada nota. Y así se convierte una canción en un himno.

Prince representaba el inconformismo, la creatividad, la provocación, la genialidad, el arte. Era un icono a tantos niveles que se convirtió en una leyenda en vida. 

Él nació en la América de la segregación racial (véase también holocausto afroaméricano) y le plantó cara: “En un mundo blanco y negro, lo que quiero es que se me juzgue en base a la calidad de mi trabajo, y no en lo que diga, tampoco en lo que la gente diga que soy, ni mucho menos por el color de mi piel”Nació también con un título al que debía de hacer honores: hijo de una familia de músicos, con la clara intención de seguir el legado de un rey: James Brown. Y lo hizo, era un músico negro, que se había hecho a sí mismo.

Inconformista e individualista, no se rindió ante los pies de la discográfica que quiso manejarlo como a un títere (o como a un músico cualquiera). Él era el dueño de su arte.

Prince era una obra de arte que debería permanecer en la retina de las siguientes generaciones, permitiendo que siga vivo en la música, en el arte, en la moda, en la rebeldía (con causa), en el cinismo... Hoy no nace ninguna leyenda, porque ya nació en el 58, dándole sonido a Minneapolis.

UN LARGO CAMINO

2016.  La disparidad de género en la educación primaria en países de desarrollo es una realidad.

En la educación secundaria y superior hay 64 niñas por cada 100 niños.

1 de cada 3 mujeres en todo el mundo sufre violencia física o sexual.

Cada día mueren 800 mujeres a causa del matrimonio infantil, la ablación o los abortos obligados.

Las mujeres ganan entre un 10 y un 30% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo.

Las mujeres representan un pobre 22% de los parlamentarios en gobiernos de todo el mundo.

Comparto estos datos, porque por alguna razón, tiendo a cometer el error de pensar que las cosas que son obvias para mí, también lo son para los demás. Los "En 2016 ya no se puede hablar de machismo", "El rollo este feminista es de lesbiana", "Cómo voy a ser feminista si soy un hombre..." me atropellan constantemente en mi día a día haciendo que me reafirme en la manera en que voy a educar a mis hijas, y a mis hijos. Chiamanda Ngozi, una escritora nigeriana brillante, con un sentido del humor muy elocuente, decía en uno de sus speeches lo siguiente:

"Enseñamos a las niñas a encogerse, a hacerse pequeñas, les decimos: -'Puedes tener ambición, pero no demasiada, debes querer tener éxito, pero no mucho éxito, o de lo contrario, serás una amenaza para el hombre.

Porque soy mujer, se supone que aspiro al matrimonio, se supone que en todas las decisiones importantes que tome en mi vida tendré en cuenta que el matrimonio es lo más importante. El matrimonio es un concepto lleno de felicidad, amor y soporte mutuo, pero por qué les enseñamos a las niñas a aspirar al matrimonio y no les enseñamos a los niños lo mismo?

Educamos a las niñas para que se vean entre ellas como competidoras, y no por trabajo o metas, lo que creo que podría ser bueno, sino por la atención del hombre.

Educamos a las niñas de manera que ellas no pueden ser seres sexuales, no del mismo modo que lo son los hombres."

El feminismo va más allá de los derechos de las mujeres, el feminismo también defiende que el hombre deje de ser presionado por probar su masculinidad, que hombres y mujeres dejen de sentir el peso de las expectativas puestas en cada uno: 'la mujer tiene que saber cocinar', 'la mujer tiene que querer tener hijos y sacrificar el trabajo para cuidar de ellos', 'el hombre debe pagar siempre en la primera cita', 'el hombre debe ser fuerte y económicamente responsable de todo'. 

Hay tantas historias que contar, que no me dan las páginas (algún día me darán). Pero aquí me acuerdo de todas ellas. Heroínas.

Wangari Maathai (Nobel de la Paz, 2004): "Cuanto más alto subo, menos mujeres hay"

FEMINISMO: Corriente que promueve la igualdad entre hombres y mujeres.

FEMINISM: The advocacy of women's rights on the ground of the equality of the sexes.

'Strange Fruit' o como una canción cambió la historia de la música

Hay palabras que matan, y cuando se juntan con la música, ésta se convierte en el mejor soldado. A lo largo de la historia, han sido muchos los artistas que han disparado himnos contra la represión, que han liberado tanques contra el apartheid y tejido estandartes de libertad.

La música y las palabras, han sido siempre el elegante e implacable arma de los pueblos, el altavoz de los silenciados y olvidados. 

Me remonto a la que es probablemente la primera canción de protesta que caló en los medios de comunicación y la primera que denunciaba el racismo; la cantó Billie Holiday en 1939 y lleva por título Strange Fruit.

En una América que separaba a su pueblo creando razas y escupía a los derechos humanos, a Billie Holiday le llegó una atípica canción del poeta judío (y curiosamente, blanco) Abeel Meeropol que rezaba la más estremecedora de las letras, tanto, que en su primera interpretación, una jóven Billie de tan sólo 23 años, dejó al público atónito. Nadie aplaudió. La letra se clavó en la audiencia y en ella misma como mil cuchillos a la vez, asfixiando cualquier intento de tomar aire. Las luces se apagaron y para cuando volvieron a encenderse, la cantante había desaparecido del escenario. Una mujer del Downbeat Club de Nueva York entró en el lavabo de chicas y encontró a la cantante desquiciada, llorando y vomitando en la taza de un váter. Ella, aseguró sentirse feliz y tremendamente desdichada al mismo tiempo.

La letra rezaba así:

"De los árboles del sur cuelga una fruta extraña.

Sangre en las hojas, y sangre en la raíz.

Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña.

Extraña fruta cuelga de los álamos.

Escena pastoral del valiente sur.

Los ojos saltones y la boca retorcida.

Aroma de las magnolias, dulce y fresco.

Y el repentino olor a carne quemada.

Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles lo dejen caer.

Esta es una extraña y amarga cosecha".

El poeta se inspiró en el linchamiento que se produjo en Indiana en agosto de 1930, cuando colgaron de un árbol a dos negros (Thomas Shipp; Abraham Smith).

Para escuchar el tema pincha aquí.


Lo esencial es invisible a tus ojos

Te has buscado alguna vez el alma en el espejo? No se ve. Ya lo decía aquél que soñaba en los aires: "Lo esencial es invisible a los ojos" (a los tuyos): Quédate con el que sea capaz de recorrer con la mirada toda tu alma. El que sea capaz de besarte los miedos. El que te coma la sonrisa. El que te quiera con el corazón y con las tripas.

Y cuando aparezca(n), no olvides preguntar por tu alma, porque será el único que sea justo describiendo tu maravillosa complejidad.